lunes, 8 de noviembre de 2021

LA CORRUPCIÓN

UNA PELÍCULA DE POLICÍAS
2021. Dir. Alonso Ruizpalacios.

         En esta cinta híbrida, anunciada como un documental de Netflix, en realidad vemos a actores que interpretan a personajes de la vida real. Al inicio, nos enteramos de Teresa, pero sabemos que es la actriz Mónica del Carmen (fascinante) que asiste a una mujer que está a punto de dar a luz. Luego, conocemos a Montoya, del cual reconocemos al actor Raúl Briones (perfecto). Ambos narran sus antecedentes particulares, ya que procedían de familias de clase baja: ella, hija de un policía que le negaba permiso para que ella, como mujer, lo fuera también. Montoya, jovencito que creció en barrio bajo, y vivió la experiencia de que uno de sus mejores amigos se fuera por la delincuencia, pero él, con buenas intenciones, se decidió por la ley (como en las viejas cintas de la Warner con James Cagney).

         Más adelante, en otra sección de la película, nos enteramos de que ambos son pareja: se conocieron en el trabajo y poco a poco se fueron enamorando. Los dos con anteriores relaciones e hijos. Pudieron lograr, gracias al soborno a quien correspondía, que fueran compañeros en patrulla a la cual se le bautizó “la patrulla del amor”. Así, empezaron a suceder varios hechos que les unieron más. Todo iba de manera perfecta hasta que se toparon con un diputado que les hizo la vida pesada debido a sus influencias. Entonces, el tono de la película cambia: los actores empiezan a contar sus experiencias para prepararse a interpretar a estos policías, al grado de entrar a la academia de policía para vivirlo en carne propia.

         La cinta, falso documental en cuanto a su hechura, pero real documental al contar casos verdaderos a través de actuaciones, sirve para mostrar cómo personas que inician con buenas intenciones, expectativas nobles para ayudar al prójimo, orgullosos de haber vencido al miedo que, de todos modos, nunca se va por completo, entran a un medio corrupto que les va transformando. El documental o ficción híbrida va construyendo la cotidianeidad de esta pareja de seres cuyas vidas se van alejando de los ideales. L0s comentarios de varios policías reales van estableciendo verdades: “a nadie le importa si matan a un policía”, “así como hay policías buenos o malos, existen ciudadanos buenos y malos”. La nobleza de Teresa al asistir a un parto porque no hay respuesta de una ambulancia se va anulando paulatinamente ante superiores o colegas corruptos.

         En su tercer largometraje, el sobrevalorado Ruizpalacios (la tediosa Güeros, 2014; la hiperpretenciosa Museo, 2018) se abre de capa con talento y maestría que se desborda con esta trama muy bien urdida, pero, sobre todo, puesta en escena de manera imaginativa y creativa. Mucho ayuda que su coguionista haya sido el extraordinario David Gaitán (actor, director teatral y dramaturgo de excelencia). Al final de cuentas es un fresco sobre la pérdida de la inocencia: las buenas intenciones se disuelven en un medio que ya, de por sí, se encuentra roto, corrupto, perdido.

Alonso Ruizpalacios



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