lunes, 5 de octubre de 2020

EL HORROR COMO METÁFORA

 

RELIQUIA

(Relic)

2020. Dir. Natalie Erika James.

         Edna (Robyn Nevin) ha desaparecido. A su casa, situada en un pueblo al norte de Melbourne, llegan su hija Kay (Emily Mortimer) y la hija de esta, Sam (Bella Heathcote). El lugar está vacío y nadie ha sabido de Edna por varios días. Las mujeres encuentran una casa donde los cuartos se han convertido en almacenes de objetos pasados. Cierto día, de pronto, reaparece Edna en la cocina, sin indicaciones de nada extraño excepto un moretón en el pecho. La mujer tiene momentos de lucidez que se alternan con otros donde hay desconocimiento y vaguedad. La casa se va llenando de ruidos extraños y sombras. Kay está a punto de decidir el internamiento de Edna en una casa de reposo, mientras que Sam desea irse a vivir con su abuela para evitarlo. La situación se va transformando al mismo tiempo que la casa, la propia Edna y los sentimientos de hija y nieta.

 El deterioro mental, la acechanza de los viejos...

         La cinta nos habla de un hecho que no es ajeno y siempre se encuentra acechándonos: el deterioro cognitivo que puede ir desarrollándose (sobre todo) en la vejez. Hay un momento en el cual la nieta cuestiona a su madre acerca de la responsabilidad: si no se trata de que ahora es cuando ocurre  el trueque de roles para el cambio de pañales, al no estar de acuerdo en que la abuela vaya a un asilo, y deba tener el amor y cuidado de su propia familia. La casa, plena de recuerdos y objetos que traen indirectamente al pasado, irá adquiriendo distintos pasajes, caminos desconocidos y laberínticos que se equiparan con la pérdida de la racionalidad: no encontrar la salida a pesar de uno mismo. Así como los edificios antiguos tienen resonancias inesperadas y repentinas que traen ecos de otros tiempos, es equiparable con los cuerpos que van perdiendo la energía y vitalidad: Kay y Sam son testigos de extraños ruidos, golpeteos, hasta sombras que se entremezclan con otras.

Perdidas en el laberinto de una casa: de una mente confusa...

         En estos tiempos de acechanza de monstruos invisibles, microscópicos, el género de terror es el que mejor se adecua para metáforas existenciales. En este caso, es el propio cuerpo, su pérdida de la memoria, su confusión entre la realidad y los recuerdos, los motivos para depresión, irritabilidad, ansiedad. Nos causa miedo vernos en ese espejo: todo es posible según van pasando los años. Las generaciones se enfrentan: las probabilidades de que esa demencia se repita en la hija, luego en la nieta, hasta el final de los tiempos, deja solamente lugar para el entendimiento y el afecto. El monstruo de la demencia se revela y asienta mientras las manos se entrelazan para sentirse seguras, confiadas.

La directora Natalie Erika James



No hay comentarios:

Publicar un comentario