RELIQUIA
(Relic)
2020. Dir. Natalie Erika James.
Edna (Robyn Nevin) ha desaparecido. A
su casa, situada en un pueblo al norte de Melbourne, llegan su hija Kay (Emily
Mortimer) y la hija de esta, Sam (Bella Heathcote). El lugar está vacío y nadie
ha sabido de Edna por varios días. Las mujeres encuentran una casa donde los
cuartos se han convertido en almacenes de objetos pasados. Cierto día, de
pronto, reaparece Edna en la cocina, sin indicaciones de nada extraño excepto
un moretón en el pecho. La mujer tiene momentos de lucidez que se alternan con
otros donde hay desconocimiento y vaguedad. La casa se va llenando de ruidos
extraños y sombras. Kay está a punto de decidir el internamiento de Edna en una
casa de reposo, mientras que Sam desea irse a vivir con su abuela para
evitarlo. La situación se va transformando al mismo tiempo que la casa, la
propia Edna y los sentimientos de hija y nieta.
La cinta nos habla de un hecho que no es ajeno y siempre se encuentra acechándonos: el deterioro cognitivo que puede ir desarrollándose (sobre todo) en la vejez. Hay un momento en el cual la nieta cuestiona a su madre acerca de la responsabilidad: si no se trata de que ahora es cuando ocurre el trueque de roles para el cambio de pañales, al no estar de acuerdo en que la abuela vaya a un asilo, y deba tener el amor y cuidado de su propia familia. La casa, plena de recuerdos y objetos que traen indirectamente al pasado, irá adquiriendo distintos pasajes, caminos desconocidos y laberínticos que se equiparan con la pérdida de la racionalidad: no encontrar la salida a pesar de uno mismo. Así como los edificios antiguos tienen resonancias inesperadas y repentinas que traen ecos de otros tiempos, es equiparable con los cuerpos que van perdiendo la energía y vitalidad: Kay y Sam son testigos de extraños ruidos, golpeteos, hasta sombras que se entremezclan con otras.
Perdidas en el laberinto de una casa: de una mente confusa...
En estos tiempos de acechanza de
monstruos invisibles, microscópicos, el género de terror es el que mejor se
adecua para metáforas existenciales. En este caso, es el propio cuerpo, su
pérdida de la memoria, su confusión entre la realidad y los recuerdos, los
motivos para depresión, irritabilidad, ansiedad. Nos causa miedo vernos en ese
espejo: todo es posible según van pasando los años. Las generaciones se
enfrentan: las probabilidades de que esa demencia se repita en la hija, luego
en la nieta, hasta el final de los tiempos, deja solamente lugar para el entendimiento
y el afecto. El monstruo de la demencia se revela y asienta mientras las manos se
entrelazan para sentirse seguras, confiadas.
La directora Natalie Erika James




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