PALMER
2021. Dir. Fisher Stevens.
Eddie
Palmer (Justin Timberlake, contenido y excelente) acaba de salir de prisión, bajo
libertad condicional, luego de doce años. Llega a casa de su abuela Vivian
(June Squibb) para volver a empezar. Reencuentra a sus viejos amigos y luego
consigue empleo como conserje en la escuela primaria de la localidad. Frente a
la casa de la abuela hay un remolque donde vive Shelly (Juno Temple) y su
pequeño hijo Sam (Ryder Allen: un niño encantador), de siete años, al cual le gusta jugar con
muñecas y ver caricaturas de princesas. Cierto día Shelly desaparece y Sam es acogido
por Vivian. Aunque al principio Eddie rechaza al niño, su relación se va
fortaleciendo cuando muere la abuela. Paulatinamente Eddie, quien prefiere que
le llamen por su apellido, se torna protector del pequeño, al cual comprende
porque es, de otra manera, igual que él: alguien diferente al común de la
sociedad.
Dos inadaptados que irán
encontrando su camino gracias a una relación donde ambos se complementarán: un
niño sin padre conocido y madre drogadicta, que lo abandona fácilmente, junto
con un adulto que se equivocó en su juventud por lo que se apartó de la sociedad
y, ahora, se ve reflejado en el rechazo que el pequeño sufre debido a sus
gustos y tendencias, igual que las reservas que la gente del pueblo muestra
hacia su situación. El niño es tan inteligente e inocente que responde de
manera lógica hacia los cuestionamientos que Palmer le hace. Su entendimiento
natural de la fluidez de género le permite sentirse a gusto con las niñas así
como su deseo de disfrazarse como princesa en los festejos del Halloween.
Palmer lo va entendiendo y de esta manera, se evita caer en el melodrama donde la
condena del personaje sería el principal elemento para considerar.
La cinta, entonces, viene
a conformar una realidad que debe aceptarse y que reside en las diversidades
sociales, además de la tolerancia y la mutua comprensión. Muy equilibrada, la
trama muestra a Palmer como un hombre que tiene sus propias necesidades y
emociones. Al no tener otra salida, acepta el puesto de conserje para poder
cumplir con los requisitos de su libertad condicional. La pérdida de la abuela
le coloca en una posición inicialmente cómoda hasta que se da cuenta de su
posible soledad, la misma que tiene el pequeño abandonado a su destino. Otros
personajes van reforzando el ambiente sureño y cerrado de un pueblo de
Louisiana, pero sin darle mayor importancia alimentando subtramas para no dejar
cabos sueltos. Y lo más relevante es que no se llega a soluciones mágicas: todo
se va adecuando a lo que Palmer construye cada día, siempre con el amor del
pequeño Sam. O más bien, debido a ese amor.
El director Fisher Stevens






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