JUDAS Y EL MESÍAS NEGRO
(Judas and the Black Messiah)
2021. Dir. Shaka King.
William O’Neal (LaKeith Stanfield), luego de ser detenido por un intento de robo haciéndose pasar como agente del FBI, es convencido por uno de los verdaderos agentes de ese organismo, Mitchell (Jesse Plemmons) que se infiltre dentro de la organización de los Panteras Negras para que informe de sus actividades. O’Neal no demuestra interés por los hechos políticos ocurridos dentro de su propia comunidad racial. Esa indolencia le servirá para evitar más de cinco años de cárcel; también para que se despierte su conciencia. La acción ocurre en el Chicago de 1968. Fred Hampton (Daniel Kaluuya) es el presidente de esa rama regional y uno de los principales enemigos de la nación, según opina el propio J. Edgar Hoover (Martin Sheen) desde sus oficinas centrales.
O’Neal entra a la organización. Se da cuenta de la pasión que corre por las venas del joven Hampton (apenas con 21 años) y su interés por lograr que se detenga la explotación y el maltrato hacia su raza. Su principal interés reside en tener una clínica gratuita, ofrecer alimentación a los pequeños escolares, mejorar la educación. Sus postulados pertenecen a las enseñanzas de Mao, pero sus intenciones, aparentemente, son inofensivas. Uno de sus propósitos reside en la unión de las pandillas de color. A pesar de las armas que utilizan para defenderse, la violencia es mínima. Luego de una acción de protección por parte de O’Neal para evitar un ataque contra Hampton, éste le nombra su jefe de seguridad, por lo que se convierte en hombre de confianza, con mayor acceso a información.
La cinta va mostrando cómo O’Neal empieza a tener sentimientos encontrados. Su falta de interés político se confunde con su admiración hacia el bienintencionado Hampton. Alternadamente a sus acciones de informante, O’Neal convive con Mitchell quien le llega a invitar a su casa para una comida. O’Neal empieza a cuestionarse su labor, el hecho de que, al final de cuentas, será un traidor independientemente de causas o aspiraciones. ¿Qué obtendrá a cambio de todo ello? Mitchell le recuerda que se está evitando cinco años de cárcel y que luego habrá alguna recompensa.
Este episodio revisionista de la historia de la raza negra norteamericana (que se está celebrando este mes) sirve como perfecta ilustración del hecho cristiano. Aunque Hampton no podría considerarse un Mesías, en toda la acepción de la palabra (algo más adecuado para un Martin Luther King), se está considerando a otro personaje, en tiempos de derechos civiles, cuyo principal sueño era la “liberación” (como la redención de Cristo) de su pueblo. O’Neal se torna ejemplo paralelo del Judas original. Al ser personajes de la vida real y hechos que ya han quedado en la historia puede revelarse que recibió sus treinta monedas y luego de confesar públicamente sus hechos, ya no pudo soportarlo.
Con
el paso del tiempo, ha habido logros importantes. No obstante, la cinta sale en
un momento álgido para los Estados Unidos donde apenas se tendrá que volver a
arreglar todos los conflictos discriminatorios creados por el trumpismo. También
resulta interesante que se produzca una cinta que no dulcifica, ni pone en tela
de juicio, los hechos producidos por el gobierno norteamericano, en los conservadores
tiempos de Nixon y Hoover, de verdadera supremacía blanca. O’Neal vino a ser
víctima de los modernos conspiradores del siglo XX como en su tiempo lo fuera
Judas.
El director Shaka King






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