MISIÓN: IMPOSIBLE - REPERCUSIÓN
(Mission Impossible:
Fallout)
2018. Dir. Christopher McQuarrie.
Ethan Hunt (Tom Cruise) está de vuelta. Ahora le piden que recupere tres cabezas de misiles hechas con Plutonio. Sin embargo, durante el trato para obtenerlas, ocurre un acto de traición que evita el buen fin de la misión. Se entera que las tiene una mujer conocida como “Viuda blanca” a la cual debe encontrar tomando la identidad de un desconocido delincuente llamado “John Lark”. La mujer busca que le devuelvan a Solomon Lane (Sean Harris, el estupendo villano de la cinta previa al cual Hunt dejó vivir y solamente capturar). Inician las traiciones, los enfrentamientos, la destrucción. Solamente logra conseguir una de las cabezas pero quedan pendientes las otras dos. A todo esto debe añadirse que a Hunt se le ha forzado a traer consigo a un agente sin escrúpulos por parte de la CIA llamado Walker (un fortachón Henry Cavill) quien será toda una sorpresa ulteriormente.
La franquicia de Misión: imposible mantiene su energía. La inteligencia de sus guiones que saben equilibrar realidad con demasiada fantasía -que siempre se acepta-, ya que se tiene la plena conciencia de que se está ante una película. Bien planeada, la cinta nos lleva de Irlanda a París, después a Londres y luego hasta a la India. Las secuencias son extraordinarias e impresionantes: todo se nota real: uno no sabe dónde inicia el efecto especial, la magia de la edición o si se está realizando una acción espectacular donde se asombra uno de los”dobles” de cine (o los límites hasta los cuales el propio Tom Cruise ha llegado: al cual, de todos modos, no se le puede exponer indiscriminadamente: otra interacción entre publicidad y realidad. Además, él es quien produce estas películas).
Está manifiesta la esencia de todo este conjunto de cintas (que fue la motivación de la serie de televisión en la cual se basó originalmente) donde uno nunca sabe qué es verdad o qué es mentira. La actividad del equipo que maneja Hunt se basa en estas simulaciones. Uno se entretiene porque, además de la acción, se encuentra adivinando si lo que sucede en pantalla es toda una certeza o un fraude bien concebido. Dentro de los discursos de este cine espectacular existe el aspecto de documento: las mismas corporaciones tienen infiltrados que las traicionan; el mundo actual se debate entre lo que son las noticias falsas y gracias a la tecnología, la realidad se puede manipular; cada vez más, la línea divisoría de la virtualidad es más fina e ir al cine (ahora con esta pandemia, hablemos de “ver cine”) es ya no solamente acceder al sueño, sino vivirlo plenamente. La saga de Misión: imposible nos coloca en ese límite y lo aceptamos porque nos gusta que nos cuenten cuentos para vivir otros mundos (sobre todo ahora que vivimos en uno imposible y sorprendente que nos alienta y nos destruye).
El director Christopher McQuarrie con Tom Cruise




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