viernes, 3 de septiembre de 2021

ACEPTAR LA SOLEDAD

TINTA BRUTA
2018. Dirs. Filipe Matzembacher y Marcio Reolon.

         Pedro (Shico Menegat) es un joven socialmente retraído que muestra otra faceta de su personalidad cuando aparece en su sitio de internet donde realiza actos sexuales ante espectadores que pagan, mientras embarra su cuerpo con pinturas fosforescentes y luz negra. Cierto día se entera que tiene un competidor que le imita. Pedro lo contacta y le propone que se asocien para ganar más dinero. Así, inicia una relación con Leo (Bruno Fernandes), quien será el que permita que muestre su afectividad, hasta que otras circunstancias provoquen su separación… De una manera muy breve, se está definiendo lo que sería una escaleta de la película. Su propósito va más allá de los hechos, al profundizar en una personalidad sin rumbo, que se va resquebrajando debido a lacras sociales que le han impulsado a la violencia.  Un hecho inesperado hace que un ser pierda toda ilusión y esperanza: otra ruta del destino.

         Dividida en tres partes que van mostrando cómo el universo del protagonista se va quedando vacío, primero se presenta a Luiza (Guega Peixoto), la hermana que apoya, conoce el trabajo de Pedro, pero que le va a dejar, al encontrar trabajo en el otro extremo del país. Luego llega Leo, quien se tornará en un ancla de afecto y cierta seguridad, aunque su propósito sea una beca para estudiar en el extranjero. Finalmente, está el propio Pedro cuya única familia restante es su abuela, mujer que no puede permanecer a su lado, por lo que el abandono y la despedida son totales. El eje de la cinta sucede alrededor de un acto criminal, una agresión que Pedro realizó contra un compañero universitario que le acosaba constantemente. Ahora se encuentra dentro de un proceso judicial que se definirá en poco tiempo: cárcel o suspensión como alternativas.

         La cinta muestra a un Pedro que no sale mucho de casa, tiene poca relación con otras personas, y sus principales interacciones son a través del internet y de su trabajo erótico: se comunica con sus seguidores y se entrega sexualmente a sus miradas, siempre y cuando paguen. A lo largo de la narración, el espectador va llenando lo que no se dice: el deseo, la homofobia, la soledad, la intromisión, el acoso. Situaciones tan simples como la descompostura del grifo de agua o la lluvia sobre una laptop, el intento de relación con alguien que resulta ser un prostituto, pero más que nada el futuro incierto, el miedo al suicidio como salida final, la nada a su alrededor, hasta que no queda más que integrarse a un baile tan solitario como su vida misma.

         La cinta fue escrita y dirigida por dos jóvenes realizadores brasileños: para el personaje de Leo, encontraron a Fernandes, actor de teatro además de maestro. En el papel de Pedro está Shico Menegat, un joven que conocieron en una discoteca, y que llamó su atención por su personalidad andrógina, su cuerpo delgado y su actitud. La cinta ganó premios importantes en Brasil, pero más que nada, en el Festival de Berlín ganó el premio Teddy a la mejor cinta con temática LGBT+, para tener otro amplio recorrido mundial. Ante la amenaza del advenimiento de una política más conservadora y represora en Brasil, esta bella y triste cinta, como otras semejantes, buscan y luchan por crear conciencia en el espectador de que todos los seres humanos somos iguales en derechos, pero muy diferentes en otros aspectos.

Los realizadores Filipe Matzembacher y Marcio Reolon.



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