jueves, 21 de mayo de 2020

INFIERNO EN VIDA


EL PÁJARO PINTADO
(The Painted Bird / Nabarvené Ptáce)
2019. Dir. Václav Marhoul.
         El título de esta película (basada en una novela excepcional de Jerzy Kosinski) se basa en un juego cruel que consiste en pintar de colores a un pájaro para luego soltarlo en busca de su parvada. Sin embargo, al entremezclarse en ella, los otros pájaros lo desconocen, empiezan a atacarlo, hasta que muere y cae al vacío. Este hecho puede aplicarse al jovencito protagonista quien es despreciado por sus mismos congéneres debido a su piel más morena que hace que se le califique de gitano o de judío de calle. Estamos ante una película brutal, espeluznante, donde este muchacho, recién salido de la niñez, vive al cuidado de una tía en un pueblo de algún país de la Europa Oriental, debido a que sus padres le han alejado de la ciudad para protegerlo de la amenaza nazista, sin imaginar que lo han condenado a un destino amargo. Son los años del inicio de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, la tía muere y su casa se quema por accidente. El jovencito iniciará, entonces, un largo viaje por diferentes lugares, en el tiempo (que va pasando, aunque imperceptible, sin que se noten sus cambios físicos, a lo largo de la guerra, como pasaba con John Wayne en Más corazón que odio), donde conocerá a diversos personajes que le darán alojamiento, aunque a precios muy altos. Será testigo de incesto y suicidio, así como de brutalidad, además de víctima de golpes, pedofilia, estupro. Este largo, tortuoso, cruel camino, le irá endureciendo. El espectador, sometido a imágenes atroces y bestiales, irá dándose cuenta de la pérdida de la inocencia, la transformación de un ser humano en instintivo, un niño cuya compasión desaparecerá debido a la infernal realidad que le rodea.


         La cinta está dividida en nueve partes, cada una llevando los nombres de las personas que este casi niño (del cual nos enteraremos de su nombre hasta el final de la película) va encontrando en su camino. Tiene un estilo naturalista que no ofrece concesiones y resulta excesiva para espectadores sensibles (en su proyección durante el Festival de Venecia del año pasado, hubo quienes desalojaron la sala a los veinte minutos). Las primeras imágenes nos ofrecen a un grupo de muchachos que atacan al protagonista y le quitan de sus manos al hurón que trae como mascota y al cual bañan de alcohol para quemarlo vivo. Más adelante, una curandera, quien es su primera protectora, para curarlo de una enfermedad, lo entierra dejando solamente su cabeza expuesta y si no es por la intervención oportuna de la mujer, empieza a ser atacado por cuervos que lo rodean. El jovencito enfrenta a un molinero celoso que le saca, literalmente, los ojos a quien cree amante de su esposa. Todo lo que va sucediendo es un catálogo de monstruosidades que, no obstante, establece lo que sería una poética de la violencia como aprendizaje de vida: es el otro lado de la moneda para los seres con privilegio. Son Los olvidados (Buñuel, 1950) o Pixote (Babenco, 1980) o el adolescente de La virgen de los sicarios (Schroeder, 2000).


         En algún momento, cuando mucho le ha sucedido, un oficial soviético, de los pocos que muestran compasión hacia él, le hace ver que no debe olvidar el aforismo de “ojo por ojo, diente por diente”. Ya muy golpeado por sus experiencias de vida, quien inicialmente  sentía dolor o alguna conmiseración (en un acto de inocencia, entrega sus ojos al hombre que los ha perdido, para que vuelva a ponérselos), ha cambiado su escala de valores: si alguien le ataca, necesita devolver el golpe. Hay todo un cambio de prioridades en quien nunca recibe piedad (o en todo caso, con consecuencias nefastas). Aparte, la cinta recupera un discurso de la novela: el racismo no ocurría solamente entre nazis y los campos de concentración. Los mismos pobladores renegaban de su sangre ante el temor de perder la vida y hacían menos a quienes eran distintos.


         Debe destacarse un elenco internacional de ensueño que rodea al extraordinario Petr Kotlár quien interpreta al torturado protagonista. Julian Sands, Harvey Keitel, Udo Kier, Barry Pepper, Aleksey Kravchenko, entre actores impactantes de los países coproductores (República Checa, Ucrania y Eslovaquia). El director (también productor y guionista) Marhoul tardó once años en levantar este proyecto y finalmente lo pudo realizar en un nítido y contrastante blanco y negro que ofrece la atmósfera de esos tiempos grises u oscuros, aparte de haber filmado en película de celuloide, como siempre debería ser. Anteriormente había filmado Tobruk (2008) donde recuperaba otros momentos de la Segunda Guerra Mundial, ahora en el desierto de Libia.


El novelista Kosinski publicó esta novela en 1965 y tuvo un éxito esplendoroso. Declaró antes de que saliera a la luz, que había tintes autobiográficos en la misma (algo que luego calló). Debido a sus excentricidades (se había casado con la viuda de un rico magnate y vivía de manera extravagante), fue atacado por los medios y hasta se le acusó de plagiario o de que sus novelas habían sido escritas por sus editores. Nada de esto se pudo comprobar. En su biografía del escritor (Jerzy Kosinski: A Biography, Penguin Books, 1996), el autor James Park Sloan se pregunta si Kosinski fue un pájaro pintado debido al rechazo que vivió o era el que pintaba pájaros, al mezclar hechos y ficción para convertirlos en un juego sádico. De cualquier manera, haya vivido o no lo que podemos ver en esta impactante, estupenda, conmovedora película, es suficiente para comprobar que existe el infierno sobre la tierra.
El director Marhoul con su pequeño actor
en el Festival de Venecia 2019


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