DESEO DE MUERTE
(Death Wish)2018. Dir. Eli Roth.
Nueva
lectura de una novela de 1972 y película de 1974 (El vengador anónimo, Michael Winner) que propone una visión más
acorde con los años en que estamos viviendo. Paul Kersey (Bruce Willis,
icónico) es un médico de emergencias en un hospital de Chicago. Su vida es
cómoda y normal: su hija acaba de ser aceptada en NYU y su relación marital es
feliz. Cierto día, al ir a comer, el encargado del valet parking anota la
dirección del médico, se entera que cierta noche saldrán a celebrar. Ese día,
Paul debe ir al hospital, mientras que la hija y la madre regresan solas a casa
donde las sorprenden tres ladrones. Uno quiere abusar de la muchacha, ella se
defiende, lo mismo que la madre, por lo que son baleadas: Paul pierde a su
esposa mientras que su hija queda en coma. Entra en estado depresivo y ante la
gran cantidad de latrocinios que sobrepasan a la policía, decide tomar la
justicia en sus manos.
Más
alejada de la novela original (d0nde el protagonista tenía ese nombre pero era
contador y se tornaba en vigilante vengador), en este caso tenemos su esencia,
se añaden personajes, se llega al mismo dilema moral del castigo anárquico
porque las víctimas lo merecen aunque no pasan por la justicia legal y humana. La
atmósfera violenta se respira desde el inicio cuando el matrimonio va a un
juego de soccer donde participa su hija: el padre de otra joven grita groserías
y regaña a la muchacha: ante el reclamo de Paul, el hombre lo agrede y le
amenaza incitándolo a la lucha física, algo que la esposa evita. Las noticias
de radio, televisión e internet solamente hablan del estado de las cosas en
Chicago: crímenes cotidianos, robos, asaltos y muchos muertos.
Luego
del asalto a sus seres queridos, Paul entra en depresión. Su psiquiatra le
comenta que es una consecuencia natural de la pérdida, pero cierta noche,
cuando se da cuenta de unos tipos que acosan a una joven transeúnte, interviene
para recibir una golpiza. Mientras ve la televisión más tarde aparece el
comercial de una tienda de armas a la cual visita pero dándose cuenta de las
cámaras de seguridad así como de la necesidad de llenar un permiso para portar
armas prefiere no hacerlo. La oportunidad se presenta cuando atiende de
emergencia a un joven herido al cual se le cae su pistola que se las ingenia
para quedarse con ella. Un tutorial de internet le enseña a usarla. Una noche
sale, encapuchado, a la calle; se da cuenta de un intento de robo y lo detiene,
matando a los ladrones. A partir de ese momento su actitud cambia y mejora: ha
probado el sabor de la muerte y acorde con sus sentimientos, ha sido castigo
justo, intercambio de crímenes, ojo por ojo.
La
cinta muestra la sensibilidad extrema y el gusto por la sangre del realizador
Roth. Mientras que Paul practica y aprende cómo usar la pistola que servirá
para la protección con resultados mortales, por otro lado se alternan imágenes
de su trabajo como médico que salva vidas. El prólogo lo muestra anunciando a
un policía que su compañero ha muerto debido a las heridas causadas por un
delincuente al cual el mismo doctor irá a salvar: en sus manos están la
injusticia y el deber. Luego de su tragedia en las manos tendrá la muerte, la
ilegalidad, la justicia. Lo que le da sustancia a esta cinta es la presentación
de ambas caras de la realidad donde se llega a plantear la necesidad de
utilizar otros medios para acabar con lo
que está podrido en la sociedad.
Y la
gran discrepancia usualmente recae en la parcialidad del asunto: ¿Por qué
solamente pensar en criminales y víctimas mortales? ¿Dónde queda la justicia de
quienes son depredadores, destructores ecológicos, políticos que provocan
muerte o miseria? Es un punto de partida. La gran pregunta que podemos hacernos
recae en el uso y la proliferación de las armas que ha dado lugar a tantos
crímenes. En esta época de estupideces trumpianas
(“mayor distribución de armas para la defensa personal”) palidece lo que
realiza este vigilante nocturno. En la versión de los años setenta, el mundo
sin tanto desarrollo tecnológico tenía oportunidad para reflexionar y
escandalizarse.
El realizador Eli Roth
Filmada
con brío y ritmo vertiginoso que nunca cesa, aunque sea interior, tenemos otra
de las mejores películas de su realizador. Lo que notamos como venganza viene a
equipararse con la que contemplamos usualmente en otras cintas. Sin embargo, hay
momentos en que la tortura justiciera nos recuerda a las cintas con hostales de sadismo en la Europa Oriental, que le dieron la fama al director Roth. Aunque uno deba tener fe y
resignación, siempre queda ese deseo íntimo de que los culpables paguen por los
daños que ocasionan. En estos tiempos cuando nada asombra y lo terrible se ha
vuelto cotidiano y el cinismo afecta a la moral, es bueno detenerse y pensar
que tal vez este sea el camino a seguir en el futuro. Con todo y las consecuencias del Coronavirus, cuando habrá más desempleo, necesidades, problemas económicos...






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