sábado, 21 de agosto de 2021

HONOR DE CABALLERO

EL CABALLERO VERDE
(The Green Knight)
2021. Dir. David Lowery.

         En los créditos de esta cinta excepcional, se anuncia como “adaptación fílmica de un cuento de caballería por anónimo”, y así inicia esta versión del poema Sir Gawain y el caballero verde, escrito a finales del siglo XIV, donde se narran las aventuras del sobrino del rey Arturo. Luego de pasar una noche de juerga, Gawain (Dev Patel, extraordinario) asiste a la reunión de Navidad de su tío, quien le pide que le cuente alguna historia. Gawain piensa un momento y le responde que no tiene ninguna. En ese instante, hace su aparición el Caballero Verde, mitad hombre y mitad árbol, quien reta a los integrantes de la mesa redonda a que le desafíen, bajo la condición de que, al paso de un año, irán a buscarle a la capilla verde para recibir lo mismo que realicen en su persona. Gawain es quien acepta y en un golpe certero, le corta la cabeza. El caballero la recoge y se va riendo, recordando el compromiso. Pasa un año y Gawain debe ir a cumplirlo.

         Con un manejo magistral del tiempo y los espacios, el autor completo (guionista y director) Lowery, ofrece su propia idea del sentido del honor, a través de un personaje que irá creciendo física y emocionalmente. Gawain emprende el viaje para irse encontrando en el camino a personajes diversos que le harán reflexionar sobre lo efímero de la vida, la necesidad del amor, el sentido de la justicia, la pequeñez del hombre ante la grandeza de la naturaleza, en un ambiente que se debate entre lo mágico y lo surrealista. Así sea un ladrón que le despoja de sus bienes, dando la idea de que no se alcanzará su meta. O una santa que ha perdido la cabeza por defender su virginidad ante el acecho de un maleante. O el poderoso señor que desea seducirlo ante la riqueza, la sabiduría y hasta la lujuria.

         La cinta explora y resume todo aquello que movía a los caballeros en pos de virtud, justicia y honor. Esas narraciones que enloquecieron al Quijote (…y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio…) hasta llevarlo a perseguir sus ideales. Gawain tendrá que ir atravesando obstáculos y eliminando tentaciones hasta tener que escoger el camino del bien. Lowery muestra ese sentido del tiempo y sus posibilidades: una toma ingeniosa y circular, ofrece por un sentido, la imagen de Gawain convertido en esqueleto tras haber sido amordazado por el ladrón y sus secuaces (ahí hubiera terminado todo), pero la toma vuelve en dirección contraria para que el joven aventurero busque la manera de salir de esa situación y proceder con su destino. El enfrentamiento con el Caballero Verde también dará pie a que ponga en tela de juicio su honor ante el miedo de perder la vida, y el tiempo fluirá en una dirección antes de que quede establecida la verdadera razón para la existencia.

El director David Lowery dirige a Dev Patel y Joel Edgerton



jueves, 19 de agosto de 2021

SER HOMBRE

 

MARICÓN
(Moffie)
2019. Dir. Oliver Hermanus.

Es 1981 y Sudáfrica está en guerra con Angola y (ahora) Namibia. El Apartheid permanece con su racismo feroz y los jóvenes, desde los 16 años, son reclutados para su entrenamiento militar, posteriormente su participación bélica, antes de volver a la vida civil. Nicholas (Kai Luke Brummer) empieza a vivir el cruel proceso donde la disciplina es excesiva y el objetivo bastante claro: fomentar el odio hacia la raza negra. El título original se refiere a una forma peyorativa con la cual se nombraba a los homosexuales en Sudáfrica, por esos tiempos, y cuyo equivalente en español ya es considerado políticamente incorrecto (y así viene el título en la cinta). Durante el entrenamiento se descubre a una pareja que es golpeada y enviada a un centro de “readaptación”, que en realidad es el lugar al cual se enviaba a psicópatas y drogadictos. Nicholas conoce a Stassen (Ryan de Villiers) quien se le insinúa durante una noche en que deben de dormir en trincheras. Más tarde, solos, le da un ligero beso en la boca…

         Sin embargo, el tema principal es la violencia, la rudeza de la preparación militar: el reflejo de lo que fue el alimento del odio durante largos años desde las colonizaciones holandesas y británicas, hasta el surgimiento de la feroz segregación racial: una secuencia muestra a los soldados burlándose, desde la ventana del tren que los transporta, de un hombre negro que esperaba en una estación. Así como se despreciaba a los verdaderos habitantes del país, toda diversidad era castigada. La homosexualidad toma un rol consecuente: Nicholas recuerda su propia inclinación desde que era un adolescente y deberá reprimirla luego de un inesperado incidente que ocurre en una alberca pública, que ilustra esa supremacía irracional de los sudafricanos conservadores.

         La cinta muestra a un grupo de adolescentes, reclutas que resguardan y cultivan su imagen viril, que soporta todas las pruebas excesivas de un sistema brutal (de hecho, su diversión consiste en el juego de la botella, donde los seleccionados, deben de enfrentarse a golpes hasta que brote sangre). Habrá gente más débil. Es imposible no recordar a Kubrick con la primera parte de Cara de guerra (1987) y la presión que sufre el soldado Pyle ante el detestable sargento que lo presiona. Nicholas tendrá que ocultar su verdadera naturaleza y, de esta manera, se ofrece un panorama de las limitaciones vividas. Es notorio el impacto que Stassen, primer amor, produce en su persona y eso será lo que le haga vivir con una esperanza que, al final de cuentas, será también una frustración: todo producto de una realidad opresiva en exceso. Llegar al paraíso, al mar, juntos, pero siempre con una sombre que se interpone entre ellos.


El director Oliver Hermanus dirigiendo a Kai Luke Brummer



 

        

sábado, 14 de agosto de 2021

EL HIJO PERDIDO

 

JOE BELL
2020. Dir. Reinaldo Marcus Green.

         Basada en los hechos de un personaje de la vida real, tenemos la historia de Joe Bell (Mark Wahlberg), quien luego de perder a su hijo trágicamente, decide iniciar un recorrido desde su estado original, Portland, hasta la ciudad de Nueva York, lugar donde su hijo anhelaba vivir. Jadin Bell (Reid Miller) no soportó el acoso, por su orientación abiertamente gay, al cual era sometido por los “machos” de su secundaria, y decidió quitarse la vida, al no encontrar respuesta a sus peticiones de ayuda. Su padre lo apoyaba, pero en el fondo tenía cierto resquemor. Cuando Jadin entró al grupo de porristas para los juegos de futbol americano, varias personas del público expresaban su rechazo. Joe prefería marcharse en lugar de quejarse. Entonces, al perder a Jadin, decide llevar su discurso de tolerancia basado en su propia pérdida y enojo.

         A lo largo de la cinta vemos a Joe debatirse entre su conciencia, el recuerdo, el diálogo en la carretera con sus fantasmas personales. Al inicio, no tenía en realidad confianza en sí mismo, ni idea de cómo dirigir su mensaje. Luego llegó la crisis del reconocimiento: Joe se hizo famoso a través de redes sociales y de estaciones locales de televisión donde hablaba de su caso. En algún momento, su esposa Lola (Connie Britton) le pide que no se pierda en la notoriedad ni en el resplandor mediático. En otro tiempo, quiere abandonar su causa, pero siempre, de alguna manera, estaba el recuerdo y el compromiso moral con su hijo.

         El excelente y equilibrado guion de Diana Ossana y Larry McMurtry (mismos autores del guion de Secreto en la montaña, 2005;McMurtry, por desgracia, falleció en marzo pasado) evitan el sentimentalismo, permiten el tremendismo en ocasiones y de manera racionada (y racional), además de integrar algunas muestras de atención de Joe hacia su hijo menor, Joseph (Maxwell Jenkins, excelente), donde se entremezcla la rabia, el autoritarismo y luego el arrepentimiento. Hay otro encuentro que será crucial para el entendimiento personal de Joe, al conocer al Sheriff Westin (Gary Sinise, en rol corto pero significativo), cuya propia vida se asemeja con el personaje, bajo otras circunstancias (un hijo gay, todavía vivo, pero rechazado).

         La cinta, producida por sus participantes (Ossana, McMurtry, el propio Wahlberg), también incluye a celebridades como Cary Joji Fukunaga y Jake Gyllenhaal. Mark Wahlberg trasciende a los personajes que usualmente interpreta en el género de acción, ciencia ficción o intriga, al ofrecer el rol de un ser de la vida real, con emociones y defectos. Si uno recuerda su comportamiento personal en los años ochenta y noventa, cuando era adolescente, y que estuvo en prisión, hizo comentarios homofóbicos, fue modelo de ropa interior, publicó un libro dedicado a su pene, entre tantas otras situaciones, puede uno pensar que está expiando, o exorcizando, esos pecados del pasado. Su transformación fue ejemplar, lo mismo que su evolución como actor, y aquí lo demuestra ampliamente.

Mark Wahlberg y el director Reinaldo Marcus Green



PERSECUCIÓN

BECKETT
2021. Dir. Ferdinando Cito Filomarino.

         Beckett (John David Washington) vacaciona en Grecia con su novia April (Alicia Vikander). Son los años de turbulencia política, por lo que prefieren viajar al norte de Atenas mientras ocurra y termine una manifestación frente al hotel donde se hospedan. Al ir por carretera, Beckett dormita y el coche sale volando hacia el campo, llegando a una vieja casa donde traspasa uno de los muros. En un momento de lucidez, logra zafarse de su cinturón de seguridad, alcanza a ver a una mujer y a un niño, pero lo que le interesa es April, cuyo cadáver se encuentra tirado. Al día siguiente despierta en un hospital donde cuenta lo sucedido a la policía. Al ir a pie hacia la casa donde ocurrió el accidente, cae al suelo sobre la mancha de sangre donde estuvo el cuerpo de April: ahí decide tomarse todas las pastillas de un medicamente, como alternativa suicida cuando, de pronto, llegan una mujer y el agente que le había entrevistado previamente, quienes empiezan a dispararle, por lo que el hombre debe  de escapar: así inicia toda una odisea donde es preponderante el instinto de supervivencia. Su afán será llegar a Atenas, a la embajada norteamericana.

Alicia Vikander, en un rol de corta duración, aunque su recuerdo sea el motor de supervivencia.

         Segundo largometraje del anterior asistente de director Cito Filomarino, que ha sido producido por Luca Guadagnino, con el cual había colaborado en Llámame por tu nombre y otros de sus títulos, viene a ser una cinta de intriga y persecución que va desde la campiña, el poblado, hasta llegar a la gran capital. Beckett será acosado, y en ocasiones atrapado, por la policía, sin tener la menor idea del motivo, pero siempre atacando para liberarse. La incógnita se irá despejando paulatinamente, aunque, en realidad, no quede muy clara: Beckett se enterará de que el niño que había visto momentáneamente, era una víctima de secuestro. Su encuentro con una pareja de activistas será la primera clave para comprender que es persona non grata para quienes están involucrados en ese secuestro con tintes laterales políticos. No obstante, las cosas no serán como aparentan ser. La cinta está claramente dividida en un preámbulo intimista, idílico, que luego deriva en la acción constante, y un cierre con la visión del rostro que ya se permite el dolor total.

         Estrenada en el Festival de Locarno, en Suiza, como cinta de apertura, ya que, al menos, como entretenimiento es bastante funcional, y debido a que el realizador había sido elogiado con un cortometraje presentado en la edición de 2010. El mismo realizador comentó que “el cine de género puede, en ocasiones, utilizar diseños formales para evocar la intensidad de la experiencia humana y me preguntaba: ¿qué sucede a un sujeto con una crisis personal cuando se ve envuelto en una intriga de alta tensión?”. Uno se pregunta cuál sería el motivo para llamar “Beckett” al personaje. Si acaso, por el absurdo cotidiano, además de la ignorancia de lo que está sucediendo, como homenaje indirecto al afamado escritor irlandés. El personaje es lanzado al incierto destino, y en cada etapa donde va conformando su conocimiento de los hechos y el desenmascaramiento de sus perseguidores, aumenta más el deseo de vivir y el recuerdo del amor de la mujer que murió por un inesperado accidente, del cual se culpa.

Boyd Holbrook y Washington

         El realizador ofrece una imagen del entonces presidente Obama, para situar al espectador en esos tiempos prepandémicos que ahora añoramos a diario. Son los años de la fiera crisis económica que sacudió a Grecia, por lo que se infieren los motivos políticos que, al ser confusos, en realidad no llegan a importar tanto. Y ahí es donde se considera una vuelta de tuerca para que exista un cierre total. Alicia Vikander aparece solamente en los primeros quince minutos, pero demuestra aquello de que “no hay papeles pequeños”. Washington cumple, es buen actor, pero siempre queda cierta desconfianza: ¿hubiera tenido las mismas ventajas estelares (Tenet, Malcolm y Marie, El infiltrado del KKKlan) si no fuera hijo de Denzel (al cual no le llega ni en su equilibrio actoral ni en su belleza natural)?. ¡Ah, y Boyd Holbrook!, quien surge como ambiguo personaje institucional, enfatizando su versatilidad.

El director Ferdinando Cito Filomarino con Washington



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Genre cinema can sometimes use strict formal designs to evoke the intensity of human experience. I wondered: what happens to a man in a personal crisis when thrown into a high tension thriller?

– Ferdinando Cito Filomarino

 

martes, 10 de agosto de 2021

ÍDOLO DEL PASADO

 

VAL
2020. Dirs. Ting Poo y Leo Scott.

         Val Kilmer, actor icónico desde los años ochenta, tuvo la suerte de nacer dentro de una familia acomodada que pudo ofrecer tanto a él como a sus hermanos, los medios para filmar desde pequeños tanto sus cintas familiares como los juegos de actuación que surgían, primero desde la creatividad del hermano mayor, Wesley, hasta sus primeros intentos dentro de las artes. Val cuenta que desde que pisó un escenario y escuchó las risas y los aplausos, quedó enganchado y supo que esa debería de ser su vida que, este documental narra. Kilmer tuvo la precaución y la afición de grabar todo lo que podía desde que era estudiante, luego actor de teatro, y posteriormente en las filmaciones de películas. Uno debe de resaltar el hecho de que, entre cientos de cajas con películas de todo formato, lo mismo que cintas de video, se pudieron seleccionar los fragmentos que permitieron construir el contenido que se ofrece al espectador. Labor titánica y que hubiera sido magnífica para otras historias de vida. Solamente por eso, el documento se convierte en autobiografía en imágenes.

         Kilmer nació el último día de 1959. Tuvo otros dos hermanos: el mayor fue el que incitó a la creación, pero, por desgracia falleció a los quince años por un accidente. A pesar de la separación de sus padres, todo fue armonioso. El joven Kilmer fue aceptado (siendo el estudiante más joven aceptado hasta entonces) en la prestigiosa escuela Juilliard, en Nueva York, y pronto, entró al escenario teatral profesional. De ahí, surgió la primera oferta de Hollywood ( la deliciosa parodia del género de espionaje, ¡Super Secreto!, Zucker, Abrahams y Zucker, 1984) y el contrato con la Paramount que lo llevó a participar en Top Gun (Tony Scott, 1986), con la cual ya se fue posicionando entre el público. Más adelante vendría The Doors (Stone, 1991) donde pudo demostrar su valía como actor.

         El documental se narra desde el presente: en 2014, Kilmer perdió la voz. Se le diagnosticó cáncer, pero pudo vencerlo. No obstante, tiene que hablar a través de un dispositivo que deforma su voz. Hay secuencias conmovedoras: Kilmer en una de las “Comic-Con”, donde asiste para firmar fotos y objetos, por medio de un pago, a los fanáticos que asisten y que lo recuerdan por sus roles en las cintas que le hicieron popular (la mencionada Top Gun o su participación en Batman eternamente) y hay un momento en que pide descansar, luego tiene que vomitar en un tambo de basura, antes de ser trasladado en una silla de rueda cubierto por una manta. En otra de ellas, asiste a un pueblo de Arizona donde se filmó Los justicieros (Tombstone, 1993) para fotografiarse con los asistentes a una proyección de la cinta al aire libre. Kilmer comenta que nunca imaginó que llegaría a eso, pero deben de pagarse deudas y sobrevivir.

         En el documental, Jack Kilmer, su hijo, es quien toma la voz narrativa en los momentos del pasado. Solamente en el tiempo presente, el mismo Val se esfuerza para comentar sobre su realidad. La película ofrece otros aspectos que rompen o subrayan mitos. Por ejemplo, hay grabaciones de la filmación de La isla del Dr. Moreau (1996), donde Kilmer comenta que el primer director, Richard Stanley, no pudo manejar una gran producción, por lo que se le sustituyó con John Frankenheimer, prestigioso creador de diversas joyas (El embajador del miedo o El hombre de Kiev, entre muchas otras), quien tuvo muchos problemas con el carácter del entonces inmenso Marlon Brando, ídolo de Kilmer (aunque ya una piltrafa obesa), quien en ocasiones no asistía a la filmación y se le sustituía con dobles gracias al maquillaje y a prótesis. Hubo muchas tensiones, al grado de que Frankenheimer juró no volver a trabajar con él.

         Val Kilmer pertenece a la camada de Hollywood que habitó películas ya entrañables desde los ochentas hasta entrado el siglo (la muy subestimada Entre besos y tiros, 2005, por ejemplo). Al estar en una etapa de consolidación madura, presentando un monólogo sobre Mark Twain, llegó esta terrible prueba para un actor: la pérdida de la voz. Val es un retrato fascinante donde un actor decide autoconfesarse y pedir perdón a quienes debe algo o establecer su propia calidad, mostrando aquello que fue bueno y que le dejó satisfacciones. Un retrato admirable y conmovedor con imágenes que dan testimonio de etapas y tiempos, de felicidad y tristeza, de rueda de la fortuna que a veces está arriba y luego baja…

 

        

miércoles, 4 de agosto de 2021

CONTRASTE

 

EL HOMBRE CON LAS RESPUESTAS
(The Man with the Answers)
2020. Dir. Stelios Kammitsis.

         Víktoras (Vasilis Magouliotis), joven artesano griego, ex clavadista ganador de medallas, pierde a su abuela y decide emprender un viaje para visitar a su madre, Angeliki, en el sur de Alemania, a la cual no ha visto por mucho tiempo. Vende sus medallas de oro, desempolva el viejo Audi familiar y toma el ferry que lo dejará en Bari, Italia, para atravesarla por carretera y llegar a su destino. En el bote, conoce al extrovertido Mathias (Anton Weil), joven mochilero que anda de vacaciones, al cual primero repudia cuando nota que se roba un sándwich del restaurante, pero luego, al llegar a puerto, le ofrece llevarlo consigo, para que le apoye con idioma y direcciones. Las personalidades chocan: ante el desparpajo de Mathias está el callado Víktoras, quien trae sus propios problemas e inseguridades. Paulatinamente se irá conformando más que una amistad entre ellos. El título se refiere a las constantes preguntas que Mathias hace al desconfiado Víktoras. Las respuestas, tal vez, están en el personaje libre que disfruta de la vida, contra las decepciones y soledad en que ha estado sumergido el joven griego.

 

         Una primera parte de la cinta nos muestran a Víktoras trabajando en una restauradora de muebles, aparte de que va a visitar a su abuela al hospital, practica en la cama elástica, se ejercita caminando sobre sus brazos, recibe un telefonema de su madre, hasta que, al morir la anciana, decide partir hacia Alemania. Ya en el ferry que lo traslada hacia Italia, conoce a Mathias, al cual primero rechaza, pero luego acepta por comodidad, aunque siempre con la desconfianza de que es un extraño. Ya, en esta segunda etapa de la narración, inicia lo que es un viaje por carretera, con experiencias diversas, pláticas, preguntas, enojos y diversiones que irán proporcionando mayores datos sobre esta pareja de jóvenes, cuyos viajes existenciales son igualmente indefinidos, sin rumbo preciso. Mathias es instructor de snowboarding en Baviera, quien tiene todavía un mes de vacaciones antes de retornar al trabajo. Víktoras fue dejado por su madre, a la abuela, años atrás, al conocer a un alemán e irse a vivir con él, precisamente a la región bávara, donde ahora tiene otro hijo pequeño: sigue indeciso ante ir a verla, aunque, al menos ya ha iniciado su ruta.

         El contraste entre las personalidades de Mathias, que disfruta de la vida engulléndola a pedazos, y Víktoras, cuya problemática personal (carrera profesional no terminada, acto deportivo abandonado, además del fracaso familiar), le ha sumido en la tristeza, es el atractivo principal de la película que nos habla del complemento personal, del descubrimiento de uno mismo a través del otro, de la apertura hacia los momentos que pueden ofrecer satisfacciones, del rechazo hacia aquello que se torna obstáculo para el goce. Mathias le pide a su compañero que tome carreteras vecinales para disfrutar de paisajes y parajes. En algún momento, lo lleva a la celebración de la boda de unos amigos. Víktoras comienza a vivir otros hechos, para él desconocidos hasta el momento. Como consecuencia, surge el afecto entre ellos: la cinta no establece, ni distingue las orientaciones sexuales, dentro de ese sentido libre que, para estos tiempos, ya no puede escandalizar a nadie.  

El director Stelios Kammitsis



 

        

martes, 3 de agosto de 2021

CAMBIOS GENERACIONALES

 

SUBLET
2020. Dir. Eytan Fox.

         Michael (John Benjamin Hickey) es un columnista de temas de viajes para The New York Times, que llega a Tel Aviv para escribir sobre la ciudad. Al llegar al departamento que ha subarrendado, se encuentra con su dueño, el joven estudiante de cine Tomer (Niv Nissim), quien ha confundido la fecha de llegada de su arrendatario. El departamento se encuentra desordenado y, ante la sugerencia de Michael para irse a un hotel, Tomer le suplica que se quede, ya que necesita el dinero. Al día siguiente, el joven regresa para buscar algo que había olvidado y es invitado por Michael a quedarse a desayunar. Al enterarse de que no tiene dónde pasar sus noches, Michael le ofrece que se quede en el sofá del departamento, a cambio de que sea su guía de la ciudad. De esta manera, inicia una relación que servirá para que se confronten dos generaciones (Michael es cincuentón, mientras que Tomer es veinteañero): mientras uno reflexiona sobre su vida actual, el otro refleja el desparpajo de la juventud.

 La joven bailarina que desea exiliarse en Alemania
Sexo a través de una app

         Michael es un hombre metódico, quien llama a su esposo cada noche, pero tiene en su vida algunos puntos oscuros, relacionados con la alternativa de tener un hijo por maternidad subrogada. Tomer, por su lado, quiere filmar películas de terror que hagan sacudir a su público porque de eso se trata la vida. A lo largo de los cinco días de estancia que tendrá Michael en Tel Aviv, su relación se irá afianzando al poder conocerse mejor. Una noche llega una amiga de Tomer, bailarina, quien se irá a vivir a Berlín con su novio palestino porque ya no soporta su realidad: ante ello, Michael se sorprende porque Alemania es símbolo de persecución antisemita. La chica le responde que eso ha quedado en el pasado. Por otro lado, cuando Michael le cuenta a Tomer que alguna vez escribió una novela sobre el SIDA, en los años ochenta, el joven le responde que no deben de tratarse temas que son tristes y ya superados, a lo que Michael responde que su trabajo surgió cuando esa desgracia estaba sucediendo, además de haber perdido a su primera pareja por la enfermedad. En otra noche, Tomer busca por una app e invita a un joven para tener un trío con Michael. El escritor, al principio acepta, pero al contemplar el inicio de los escarceos carnales entre Tomer y el otro, simplemente decide irse a su habitación: ya ha pasado el tiempo de las aventuras cotidianas, el sexo casual y su vida ha entrado a otra etapa. Tomer se sorprende cuando Michael le confiesa que solamente tiene sexo ocasionalmente con su esposo: el joven no puede comprenderlo porque la vida es para disfrutarla.

 Dos generaciones con distintas mentalidades

         Todos estos hechos narrados escuetamente, que no llegan a describir la belleza de Tel Aviv ni el carisma de sus intérpretes, dan idea del objetivo que su inteligente director se propuso al filmar esta historia. El tiempo cambia impulsos y actitudes. Todo aquello que sucedió, que permitió alguna propuesta para efectuar cambios en mentalidades y expandir los límites de moralidad y aceptación, ahora se toma como un hecho. Los años pasan y las nuevas generaciones viven las circunstancias que les rodean: sexo a la carta sin remordimientos ni restricciones, movilidad, despego de la historia. Hay una secuencia donde Tomer lleva a Michael a visitar a su madre quien vive en un kibutz. La mujer le cuenta que tuvo a Tomer por inseminación artificial porque lo importante no era tener una pareja, sino darle amor al hijo. Los cinco días bastarán para que esta pareja de seres tan diferentes encuentre sus puntos de contacto y lleguen a una comunión espiritual y carnal, sin caer en melodrama ni en soluciones forzadas.

El director Eytan Fox