JIRAFA
(Giraffe)
2019. Dir. Anna Sofie Hartmann.
Dara (Lisa Loven Kongli) es una etnóloga alemana que trabaja en un proyecto de registro, tanto de historia oral como fotográfico, de viejas granjas del siglo XIX en la región de la Lolandia danesa. Debido a la construcción de un túnel que unirá bajo el mar a Dinamarca y Alemania, tendrán que ser derrumbadas. Dara revisará espacios que pronto quedarán desalojados y entrevista a sus últimos dueños. Igualmente visitará otros que ya fueron abandonados pero siguen ocupados con objetos, muebles, libros, fotografías, que ella revisa y lee. En la carretera hay una cuadrilla de obreros polacos que instalan una red eléctrica. Entre ellos está Lucek (Jakub Gierszal), un joven de 24 años con el cual Dara inicia una relación íntima que será temporal: ella estará hasta finales de septiembre, él acabará su contrato en octubre.
La sinopsis comentada es la parte ficticia de una cinta que mezcla también elementos documentales. Dara revisa y registra almohadas, sillas, cubiertos: objetos que pertenecieron a diversas personas y que siguen siendo testimonio indirecto de ellas, para dar a entender que aunque se piense que al morir todo termina, siempre queda alguna huella. Dara lee el diario de una mujer que fue la última dueña de una propiedad: en él relata sus historias de amores que resultaron efímeros, como ocurrirá con ella al terminar su trabajo y Lucek al retornar a Polonia, porque ese es el paso usual al cual estamos condenados, donde algunos seres viven de paso con frecuencia y otros alcanzan su transición al morir . Dara escucha el testimonio de una pareja que representa a la generación más reciente que fundara la granja donde viven y de la cual tendrán que mudarse pronto, algo que sienten hasta las lágrimas pero que aceptan porque “es el progreso” y así notamos algo que en este siglo XXI, por la rapidez y la liquidez, significa destrucción y construcción de una manera obsesiva.
La realizadora Hartmann muestra a sus actores (Dara, Lucek) interactuando con personas reales (los trabajadores polacos, los granjeros que serán afectados, las personas que encuentra en los espacios que visita) en estos hechos de un microcosmos que puede expandirse a otras circunstancias y lugares del mundo. La jirafa del título, tal vez, tenga el significado (muy obvio) de una visión global asentada sobre realidades terrenas. La película nos comparte preocupaciones muy válidas en cuanto a lo efímero, las relaciones finitas, la necesidad de preservar, al menos, unas fotos, unas líneas, unas voces de aquello que el progreso va borrando irreversiblemente.
La realizadora Anna Sofie Hartmann





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