ESPERANDO
A LOS BÁRBAROS
(Waiting
for the Barbarians)
2019.
Dir. Ciro Guerra.
El Magistrado (Mark Rylance, soberbio) está encargado de su fortaleza situada casi en la frontera de esta tierra colonizada por el Imperio. La vida transcurre tranquila, sin problemas, porque hasta las cárceles están vacías y se utilizan como almacenes. La llegada del Coronel Joll (Johnny Depp, tan pesado como siempre, pero ahora adecuadísimo a su asqueroso papel) cambia las cosas. Es un hombre que cree en la tortura, la violencia y la muerte. Lo expresa: “El dolor es la verdad. Todo lo demás siempre deja lugar a dudas”. Y ha venido a supervisar el estado de este puesto militar porque sospecha que los nativos que se encuentran en los alrededores, a los cuales denomina “bárbaros”, se están preparando para atacar.
El Magistrado no lo cree. Aboga por la inocencia de aquellos que sabe bien que no son sospechosos ni peligrosos. Los ataques inician contra los pueblos cercanos, las cárceles se llenan, el Magistrado busca la manera de ayudar y evitar las injusticias hasta que cae víctima de su mismo idealismo. Basada en una novela del premio Nobel, el sudafricano J.M. Coetzee, quien también escribió el guion, y que fuera publicada en 1980, época en que el Apartheid estaba en su punto más claro (y cuya influencia mayor fue “El desierto de los tártaros” de Buzzati, donde otro fuerte esperaba por años, en vano, el ataque de sus propios e inventados bárbaros), la película resulta un ejemplo cruel del significado del colonialismo y sus efectos. Así como ha sucedido en la realidad, los Imperios se han agotado con el tiempo por las mismas reacciones que sus acciones han provocado. En esta alegoría no hay gentilicios ni época ni lugares definidos. La película enoja, conmueve y luego llega a satisfacer al espectador.
Ciro Guerra, el realizador colo



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