CHARLATÁN
(Šarlatán)
2020. Dir. Agnieszka Holland.
Tal como ha sido constante en algunas de sus películas, la realizadora Agnieszka Holland revisa la historia de la Europa Oriental en los tiempos del pasado. Así como el joven judío que entraba a las Juventudes Hitlerianas para sobrevivir (Europa Europa, 1990) o el hombre que rescataba a personas judías en una ciudad polaca (En la oscuridad, 2011) o el periodista galés que denunciaba la hambruna genocida sufrida en la Ucrania de los años treinta, por culpa de Stalin (Mr. Jones, 2019), ahora nos ofrece las injusticias vividas por el experto herbolario Jan Mikolášek (Ivan Trojan), debidas a los cambios de sistemas políticos en Checoslovaquia. Mikolášek se dedicaba a atender a las personas que lo buscaban para curar sus males. A través de la visualización de los orines, ofrecía un diagnóstico y una alternativa para que, con tés de hierbas diversas, consejos de tomas de sol o visitas a la playa, se pudiera recuperar la salud. Su popularidad no era bien vista por el régimen comunista, y cuando en 1957 muere el presidente Zápotocký, quien lo protegía, empezó una persecución que lo metería a la cárcel por los fallecimientos, jamás comprobados, de unos funcionarios. Mikolášek había atendido a oficiales alemanes durante el nazismo, incluido el mismo canciller de Hitler, Martin Bormann, y era una mancha imborrable para el gobierno totalitario. Muerto su protector, se acababa su invulnerabilidad.
El joven Mikolášek fue interpretado por Josef, hijo del actor
La cinta se
apropia del personaje real que vivió entre 1887 y 1973. En ese lapso, Mikolášek
fue soldado durante la Primera Guerra Mundial que le hizo participar en
injustos fusilamientos que le trajeron gran malestar. Al ser hijo de un
jardinero, además de expresar que tenía un gran don e instinto para saber de
los beneficios de las plantas, pudo curar la gangrena que había invadido una
pierna de su hermana. Fue aprendiz de una anciana herbolaria que identificó sus
cualidades y, por medio de la cual, pudo interpretar los malestares de sus
semejantes a través de sus orines. Así, estableció entre las dos guerras, una
clínica donde atendía a personas que formaban largas filas para ser atendidas
por este tipo milagroso. Al atender a personajes poderosos conseguía su
protección; en otros casos, cuando ya no había remedio, los sobrevivientes de
pacientes muertos guardaban su rencor hacia el hombre. Así llegó la Segunda
Guerra y luego los cambios usuales con sus ideologías nefastas.
En otro aspecto importante, Holland ofrece una mirada particular hacia la sexualidad de Mikolášek, en la que es la parte más orientada hacia la especulación y la ficción, ya que se presenta la relación entre el herbolario y su asistente particular, František Palko (Juraj Loj), hombre joven, casado, quien inicialmente se resiste a la seducción de su jefe para luego caer sin reservas en sus brazos. Mikolášek, desde su experiencia traumática, siempre pensó en salvar vidas y buscar el bienestar social. No obstante, en el aspecto privado, su pasión hacia Palko lo confrontó con su moralidad. Al enterarse de la existencia de la esposa de su amado, aceptó conocerla y dejar en claro su protección, pero con cierto celo y desprecio interiores. Cuando la mujer queda embarazada, es el primero en obligar a Palko para que la haga tomar un té que le provocará el aborto. La personalidad compleja de un hombre, en realidad, contradictorio, queda definida y así se explicará sus decisiones en momentos límite.
Una relación apasionada, más allá de condenas o moralidad
Holland se permite investigar personajes y
situaciones para establecer las ironías de la vida, acordes con los cambios
políticos que determinan a nuestras existencias. Cuando uno revisa la historia
de los regímenes totalitarios y las experiencias diversas y contrastantes según
quien ha llegado al poder, no le queda más que pensar en el destino. La
opresión vivida detrás de la cortina de hierro ha dado lugar a muchas cintas
extraordinarias que la analizan (a la memoria llegan, por ejemplo: Mefisto o
Sunshine, ambas del húngaro István Szabo, cuyos personajes eran sometidos o afortunados, dependiendo del momento político, pero hay muchísimos otros
ejemplos, si se incluyen también a las dictaduras latinoamericanas o a los países
orientales: las injusticias múltiples y limitaciones obligadas por la soberbia
y la corrupción humanas). Holland, de origen polaco, estudió cine en
Checoslovaquia porque tenía mayores oportunidades que en su país natal.
Trascendió fronteras y ha filmado en Hollywood como en Francia. Todo su cine es
de gran interés. Ha sido galardonada en varios festivales. Esta cinta muestra
su excelencia.
La directora Holland dando instrucciones a Ivan Trojan.





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