martes, 27 de julio de 2021

ILUSIONES PERDIDAS

HIJOS DEL SOL
(Khorshid)
2020. Dir. Majid Majidi.

         Alí (Roohollah Zamani, extraordinario) es un niño de doce años quien, junto con tres amigos, se dedica a realizar robos de llantas y otros pequeños latrocinios, para mantenerse. Cierto día es requerido por un hampón, Hashem, quien le encarga una misión: inscribirse en una escuela que está junto al cementerio, encontrar el sótano y empezar a excavar para reclamar un tesoro escondido. A cambio de ello, Hashem le promete dinero y alojamiento para Alí  y su madre, que se encuentra recluida en un sanatorio psiquiátrico luego de haber sufrido un trauma. A partir de este momento, empieza la aventura de Ali con Mamad, Reza y Albofazl, sus amigos. La cinta nos irá narrando los esfuerzos del niño para poder llegar al final de su encomienda. La película nos llevará por dos caminos bien desarrollados: la oportunidad de que estos niños de la calle encuentren, por algunos momentos, lo que es el ambiente escolar, la cercanía con compañeros de su misma edad, la posibilidad de destacar tanto en el estudio como en el deporte. Y en otra fase, la pérdida de las ilusiones: mientras más vaya avanzando Alí en la excavación de su túnel, paulatinamente sus amigos se irán difuminando en el horizonte de sus existencias: Mamad, vendido por su padre a un trailero como aprendiz; Reza, harto de estar siempre recibiendo órdenes de Alí, al cual repudia; y finalmente, el pequeño e inteligente Aboulfazl, refugiado afgano, junto con su hermana Zahra, quien será obligado a abandonar el país por su misma condición inmigrante.

 Aboulfazl, Reza, Mamad y Alí
Alí con la pequeña Zahra

         Sin caer en el sentimentalismo fácil, pero tampoco dejando de lado la parte humana que ofrece hálitos de esperanza a nuestra sociedad, se va construyendo el retrato del violento pero noble Alí. Con la misma rabia que golpea a compañeros que se burlan de su familia, siente admiración por las personas que le apoyan. Consciente de que sus actos no son legales, se entrega con furia a la búsqueda del tesoro porque significa la reunión con su madre, la paz que nunca ha conocido por completo. Al coincidir con Zahra, pequeña vendedora de esponjas en el Metro, le regala sin que ella se dé cuenta, un prendedor para el cabello. Al ocurrir una injusticia hacia el Sr. Safier (Javad Ezati, cálido), subdirector de la escuela, se solidariza de su lado, lo mismo que es el primero al cual acude cuando ocurre un problema.

 El pequeño y tenaz Alí con su excavación
Alí, enseñando al Sr. Safier cómo golpear con la frente

         Los niños asisten a la “Escuela del Sol”, una institución privada que vive de las donaciones de benefactores. Su equilibrio es frágil porque no han pagado un arrendamiento que ha causado la ira de su rentero. Así se muestra parte de lo que es el sistema educativo iraní: también hay esfuerzos particulares para sacar adelante a tantos niños que se vuelven, por falta de otros incentivos, en presa fácil de hampones. De ahí que la cinta parezca repetitiva en cuanto la muestra del trabajo constante de excavación de Alí, pero todas las circunstancias a su alrededor, así como la esperanza de estar con su madre, redime las pocas fallas y exalta las muchas cualidades de esta hermosa producción: sobre todo su talentoso elenco. Al final, la vieja casona de la escuela, permanece en pie, recuerdo de una noble causa, símbolo de esa terrible pérdida de las buenas intenciones, de esperanzas, de ilusiones, sobre todo.

El director Majid Majidi




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