CINCO
SANGRES
(Da
Five Bloods)
2020.
Dir. Spike Lee.
Cuando compartí mi comentario de El
infiltrado del KKKlan (Spike Lee, 2018) cité al director Lee donde afirmaba
que una constante de su obra fílmica ha sido la
eterna lucha entre el amor y el odio, por lo que muestra el conflicto racial que
finalmente deriva en prejuicios y en el gratuito ataque entre seres humanos por
diferencias debidas a la propia naturaleza. También por eso muestra referencias
del pasado, de las luchas o personajes o situaciones que han sido claves en la
búsqueda de la dignidad por la raza afroamericana. Esta cinta, una obra
revisionista de la guerra de Vietnam, desde el punto de vista de los soldados
negros, viene a reiterar el tema como otra aportación para reflexionar.
La alternancia de imágenes que ofrecen un contexto de
finales de los años sesenta hacia inicios de la siguiente década (la negativa
de Muhammad Ali para ir a la guerra, las declaraciones de Angela Davis, los
enfrentamientos estudiantiles con sus víctimas mortales, entre otras) sirve
como prólogo al reencuentro en Ciudad Ho Chi Minh de cuatro excombatientes,
miembros de un mismo pelotón, que han venido para recuperar los restos de un
quinto compañero, Norman, el líder de su pelotón, que murió en acción y fue
enterrado en la selva, para trasladarlo al cementerio de Arlington y honrar su
memoria. Sin embargo, hay un motivo ulterior: en una de sus últimas misiones,
los cuatro encontraron un cofre con barras de oro que el gobierno
norteamericano enviaba como apoyo a Vietnam del Sur, ya que no aceptaba papel
moneda. También lo enterraron al lado de su amigo.
Los cuatro personajes son muy distintos entre sí: Paul
(Delroy Lindo) quien ha venido cargando el recuerdo de Norman (Chadwick
Boseman), lo que le ha producido cierto desequilibrio mental. Otis (Clarke
Peters) quien ha vivido relativamente bien con el recuerdo de una mujer a la
cual amo y dejó en Vietnam. Eddie (Norm Lewis) quien ha sido el triunfador y se
ha enriquecido, además de Melvin (Isiah Whitlock Jr.), el más calmado de todos.
Sorpresivamente, a ellos se les une David (Jonathan Majors), el hijo de Paul,
cuyas relaciones han sido tirantes con su padre e intenta mejorarlas al
acompañarle en esta aventura. Aparte de ellos, en la cinta aparece Desroche
(Jean Reno) como el intermediario para sacar el dinero del país gracias a
algunos paraísos fiscales. En el camino se encontrarán con Hedy (Melanie
Thierry) quien ha dejado a su familia acomodada, enriquecida por haber explotado
a Vietnam en las épocas coloniales, ahora queriendo expiar la culpa familiar con
una empresa que se dedica a buscar minas explosivas y desactivarlas.
La trama es rica en situaciones. El director utiliza la
pantalla ancha para hablar del presente y se va al formato convencional cuando
narra el pasado. Además, tiene la excelente idea de mostrar a los cuatro amigos
tal como se encuentran en el presente, cuando narra lo sucedido en el tiempo de
la guerra, como una manera de subrayar los efectos que ese tiempo tuvo entre
ellos y que los hace actuar ahora como son y están. Quien aparece joven, en la
edad de su muerte, es el valiente Norman alrededor del cual girarán las vidas
de sus cuatro sobrevivientes.
Lee no deja de lado las recriminaciones y los odios. En el
presente, un mercader que insiste en que le compren su producto, desata su odio
al ser rechazado, acusando a los cuatro norteamericanos de haber asesinado a
sus abuelos. Eddie afirma que el oro debe ser donado a la causa de su raza, tal
como les predicaba Norman, al cual no le importaba el dinero. No todos
reaccionan de esa manera porque también hay intereses personales. Lee ofrece
referencias visuales y acústicas a Apocalipsis (Coppola, 1979) como una
obra honesta en cuanto a su denuncia sobre los horrores de la guerra (en los
créditos finales agradece tanto a Marlon Brando como Coppola).
Lo más importante es que la película se estrena en un
momento crucial de denuncias y protestas ante el racismo en los Estados Unidos.
Sin habérselo propuesto, el canto de “black lives matter” se escucha en algún
momento de la película y toda ella vuelve a poner en tela de juicio las
actitudes inhumanas e históricas, propias de otras épocas que fueron
desarrollándose con el paso del tiempo. Los primeros en ir a la guerra eran los
soldados de otras razas y en algún momento se expresa que pelearon por un país
que en tierra propia no les respetaba. La cinta termina con un fragmento de un
discurso de Martin Luther King ofrecido un año antes de su muerte donde se
refería a un poema de Langston Hughes (Let America Be America Again),
afroamericano, que habla de un país que nunca fue suyo pero que, sin embargo,
deberá serlo.
Spike Lee







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