sábado, 6 de junio de 2020

CUANDO LAS COSAS FALLAN...


LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL CRIMEN
(The Last Days of American Crime)
2020. Dir. Olivier Megaton.
         Los últimos días del crimen es un desastre. Y duele porque el director es el francés Megaton a quien debemos esos grandes ejemplos de neo-thriller como Colombiana (2011) o las dos secuelas de Búsqueda implacable (2012 y 2014). O la malograda serie de televisión francesa Taxi Brooklyn (2014) que fue cancelada en su primera temporada sin darle mayores oportunidades. En este caso no existe un ritmo sostenido ni manejo del suspenso. Se mantiene la crudeza de imágenes extremas, torturas, violencia, pero la manera en que se presentan llega a la caricatura y de ahí, solamente el ridículo. Será que está basada en una novela gráfica y se quiso ser muy fiel a la trama por lo que la duración se alarga a los 150 minutos y una pista exacta para corroborar su insolvencia narrativa es que la acción base, el objetivo para que todo tenga un sentido, se desarrolla en la última hora de metraje. A pesar de que hay secuencias de acción y atroz violencia, cunde el tedio. Tal parece que los hechos están desconectados entre sí.
Michael Pitt
         La trama sucede en un futuro distópico en Estados Unidos. El gobierno ha logrado desarrollar una señal que se transmitirá por todo el país y que afecta neurológicamente a los criminales o a quienes decidan acceder a un latrocinio. Falta una semana para que se implemente y antes de que suceda Bricke (Edgar Ramírez) une fuerzas con Kevin (Michael Pitt), quien es, en realidad, el hijo del mafioso más poderoso del país, para realizar el robo de un billón de dólares y escapar hacia Canadá. Para ello, se involucrará Shelby (Anna Brewster) la novia de Kevin (aunque además se involucra sexualmente con Bricke). Este es un resumen elemental de una trama que explica, además, muchas cosas (el antecedente de un hermano de Bricke, el hecho de que Kevin fue su compañero en prisión, la relación terrible de Kevin con su padre y hermana, el personaje de un policía que no tiene importancia al final de cuentas). La cinta se regodea en la sangre y poco en los personajes: uno se entera que Shelby es una hacker muy competente hasta las últimas secuencias y nunca se establece la relación entre Ross (Tamer Burjacq) quien es el amigo fiel de Bricke y éste. Y así surgen muchos defectos.
Anna Brewster y Edgar Ramírez
         De todas maneras, no deja de ser una película de Megaton y hay secuencias brillantes en las persecuciones. Hay momentos de intimidad que resultan sugerentes y cálidos. En otros, la crudeza y la crueldad son evidentes. De todas maneras, no son suficientes. Falta la empatía con los personajes (a pesar del magnetismo de Ramírez, aquí no resulta fácil para conectar) y la mayoría son despreciables. La cinta sale en un momento difícil para Estados Unidos en cuanto al racismo y la falta de respeto a los derechos humanos. La trama involucra un autoritarismo terrible desde el momento en que se violarán los derechos corporales de los individuos gracias a una señal que afecta a la moral personal. Aunado al tedio, la longitud y los personajes antipáticos, el resultado es triste y caótico.
Un fallido Olivier Megaton



        

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