LLEVO TU NOMBRE GRABADO
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Ke zai wo xin di
de ming zi)
2020. Dir. Liu Kuang-hui.
En el verano de 1987 terminó la ley marcial en Taiwán y como consecuencia empezaron a cambiar las cosas. En su escuela preparatoria A-Han conoce al nuevo estudiante que se hace llamar Birdy (debido a la película de Alan Parker) y que es todo rebeldía y audacia contra su seriedad. A-Han se ha dado cuenta de que no le gustan las muchachas y siente atracción hacia Birdy. Inicia una amistad cercana que se torna obsesión para A-Han hasta que se entera de que Birdy tiene novia. Así inicia una etapa en su relación que se vuelve compleja, porque pasa de tonos de acercamiento hasta el mayor rechazo. Todo esto lo cuenta A-Han, golpeado y sangriento, al padre Olivier, quien es el párroco de la escuela. Luego, los hechos tomarán otro cauce y los años pasarán.
Alejada de todo estereotipo que pudiera pensarse en una cinta con temática gay, en realidad estamos ante una trama que utiliza a su contexto para hablar de las represiones y las ironías que el tiempo ya ha borrado. Aunque en Taiwán la homosexualidad nunca ha sido penalizada, tampoco era aceptada abiertamente. A-Han descubre su realidad y piensa que Birdy será quien se convierta en cómplice y amante. Inicia, como en muchos casos, una amistad muy cercana que confunde y ofrece sueños y esperanzas que no se cumplirán. Birdy tendrá que buscar un pretexto para alejar a su amigo, y ocultar su propia orientación. No sería aconsejable ni correcto confesar su verdad en una sociedad que reprime y reprueba.
Así, la cinta pasa de escarceos eróticos, momentos de cercanía, entrega ilimitada de A-Han hacia su amigo, hasta la decepción, la confusión. La cinta lleva como epígrafe unos versos del “Cantar de los cantares” donde se establece que al amor no lo puede apagar el agua ni aunque le inundara, pero que los sacrificios de amor son mal vistos por los demás. En otro momento, se expresa que “si lo que me das es semejante a lo que das a otros, no me interesa”, como una declaración de dádiva absoluta del amor… pero no habrá respuesta concisa. Y esa es la particularidad mejor de la película: el retrato, tan común y reconocible dentro de la ilusión amorosa, del afecto no correspondido que provoca el abismo en el corazón. Aquí, el proceso de A-Han llega a ser conmovedor: desde las cabezas en los hombros para descansar y demostrar, de una manera bastante elemental, el afecto más allá de cualquier otro sentimiento, hasta el sueño húmedo provocado por la imagen de un cuerpo se coloca encima de otro.
La cinta es muy contenida. No hay
desnudos integrales y las demostraciones amorosas se reducen a besos poco
apasionados. Luego, cuando el tiempo haya pasado, la cinta nos contará los
hechos de los años recientes. El contraste entre la época cuando era impensable
que se supiera la orientación de una persona y este siglo XXI cuando es lo más
común abrirse de capa por medios sociales sin que avergüence ni amerite
rechazos es uno de los puntos importantes del discurso fílmico. Una película
que debe verse, además, con la conciencia de que todo sucedía dentro de una
sociedad oriental, con otros parámetros y otras creencias.
El director Liu Kuang-hui





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