AL ACECHO
2019. Dir. Francisco D’Eufemia.
Pablo Silva (Rodrigo de la Serna) es hecho preso en una casa cercana al delta del río Santiago y expresa que es guardaparques (lo que en otros lugares se conoce como guardabosques). Dos semanas más tarde, se dirige hacia el parque Pereyra Iraola, que se encuentra a 40 kilómetros de Buenos Aires y que es una reserva ecológica del país. Va a ocupar temporalmente ese mismo puesto mientras se aclara su situación judicial. Ahí conoce al jefe del lugar, Venandi (Walter Jakob), al guardaparques Mariano (Facundo Aguinis) y a la administradora Camila (Belén Blanco). En sus primeros recorridos del inmenso lugar (más de 10,000 hectáreas, con espacios destinados a la milicia, que están prohibidos para su uso o paso) descubre un perro muerto. Luego encuentra a un zorro enjaulado y se da cuenta de que hay depredadores, traficantes de animales. Empieza a investigar.
La trama nunca explica los motivos por los cuales Pablo fue detenido en el prólogo de la película, por lo que sorprende que al cabo de quince días vaya a un nuevo empleo, aunque se especifica que su caso está en revisión. Pablo vivirá en una vieja casita del lugar e irá explorándolo en sus tiempos libres. Uno nota la inmensidad del parque cuando se muestra al guardaparques en su camioneta revisando el espacio público (solamente 800 hectáreas) y saludando a quienes asisten a pasar un día de campo o simplemente a ejercitarse. Lo que inicia como cinta policiaca va adquiriendo tintes de suspenso e intriga. Pedro lleva al zorro a uno de los espacios olvidados del lugar donde lo estará cuidando y alimentando. Su actitud irá cambiando, sobre todo cuando su empleo se decida de manera permanente. Es una cinta con objetivo definido: no habrá subtramas o el manejo profundo de otros personajes.
La
película muestra a un personaje ambiguo. Al espectador no le queda más que
tornarse cómplice de sus actos, aunque crecerá la duda de que Pablo busque su
propio beneficio o se encuentre en medio de un plan para atrapar a los
depredadores. Del sumiso y obediente hombre que llega a su nuevo empleo ocurre
una transformación a dominante y seguro de sí mismo. La cinta maneja el
discurso de la corrupción inherente y es, en ese sentido, que se irá llegando a
una conclusión sorpresiva. La película no falla en su ritmo y nunca cesa la
interrogante del espectador. Por otro lado, la extraordinaria presencia de
Rodrigo de la Serna es elemento importante para subrayar la acción. De
facciones rudas, con nariz bulbosa y cuerpo sólido, era el actor preciso para
interpretar a Pablo. Además, si lo recuerda uno en sus roles previos (fue el
compañero de García Bernal en Diarios de motocicleta y el simpatiquísimo
cuidador de Óscar Martínez en Inseparables, que fuera la versión
argentina de “Amigos intocables”, la sentimental comedia francesa), demuestra
una versatilidad asombrosa. Es uno de los mejores actores argentinos.
El director Francisco D'Eufemia con el magnífico Rodrigo de la Serna




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