sábado, 27 de marzo de 2021

LA MUERTE EN VIDA

 

EL PADRE
(The Father)
2020. Dir. Florian Zeller.

         La percepción del tiempo y la confusión de la memoria. La repetición de los hechos y el miedo que invade. Las mismas preguntas hechas una y otra vez. Los signos inevitables de la demencia son mostrados visualmente en esta ópera prima, donde Anthony (Anthony Hopkins) vive varias situaciones semejantes, pero con variantes. La llegada de Anne (Olivia Colman), a su departamento, donde escucha música y tiene el cuadro que fuera pintado alguna vez por otra hija, Lucy, quien le reclama que haya maltratado a la persona que lo cuidaba, cambia de apariencia física, acompañada de un hombre que puede, o no, ser su marido, y la cena de pollo al horno que se va multiplicando. Anne le avisa que se va a vivir a París con una nueva pareja. Le comenta que no quiere dejarlo solo. Luego viene la conversación subrepticia donde se insinúa la reclusión en un asilo para ancianos con demencia. Lo que va siendo inicialmente confuso para el espectador deviene en magistral representación de la terrible enfermedad.

         El deliberado tono de cinta de intriga (uno piensa que todo es un complot para aprovecharse del anciano, lo que hubiera dado lugar a una vulgar trama) se disuelve. Va adquiriendo el ambiente sombrío de lo que ha de significar estar viviendo entre sombras e inexactitudes. La repentina lucidez que se entremezcla con la duda. El sueño que une realidad con ficción transformada. Los rostros y cuerpos de las personas que se ven durante el día o la semana o el mes, se van intercambiando. Si algo debe de aplaudirse a esta cinta inclasificable es el haber atrapado en imágenes lo que debe ser el infierno de Alzheimer, la pérdida de la memoria, el retorno a la infancia donde había protección que ahora no se siente: la comparación con un árbol que va perdiendo sus hojas por el viento de la vida y el otoño que deviene invierno constante.

 Una actuación extraordinaria de Anthony Hopkins

         Anthony Hopkins ofrece una actuación magistral. En este rol de madurez total, el tono nunca se pierde, el matiz se adecúa con la circunstancia, el temor y el miedo exudan de sus poros y llega a conmover por la fragilidad que ya es irreversible. Sin mencionar más que su carrera de ingeniero, mostrar sus libros, escuchar las arias de ópera que disfruta, dan a entender que fue un profesionista importante, culto, con una mente a la cual le llegó el proceso de vaciarse para quedar en la nada. Olivia Colman y Olivia Williams, como Anne y como la enfermera que finalmente cuida de Anthony, reflejan el dolor o la comprensión de quienes han tenido la amarga experiencia de perder, en vida, a sus seres queridos.

 Anthony Hopkins y el director Florian Zeller



 

 

 

 

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