KUBRICK
POR KUBRICK
(Kubrick
by Kubrick)
2020.
Dir. Gregory Monro.
El eminente crítico cinematográfico
Michel Ciment, de la revista Positif llamó la atención, gracias a un
artículo sobre su cine, del usualmente reservado y poco comunicativo director
Stanley Kubrick quien nunca dio entrevistas ni hizo promoción de sus películas. Debido a esta
ventaja, Ciment tuvo la oportunidad de llevar a cabo varias conversaciones con
Kubrick y pudo grabarlas. Debido a ello, publicó un libro en 1980. Ahora, el
realizador francés Monro ha utilizado los audios de esas cintas, reuniéndolos
con entrevistas a diversos actores de las películas, fotografías o viejas
filmaciones, y así, complementar lo que se está escuchando en voz del propio,
ya mítico, realizador.
El maestro Michel Ciment, uno de los pocos
críticos confiables y eruditos que permanece entre nosotros
El objetivo del documental es llegar a una
conclusión sobre la temática general de Kubrick cuando su filmografía fue breve
pero diversa. Del género de guerra, terror, ciencia ficción, entre otros, se
derivó una perfección técnica que no muestra academicismo ni frialdad. Los testimonios
de actores o técnicos son extremos: desde aquellos que se desesperaban al punto
de querer llegar a los golpes o quienes aceptaban su cuidado y entrega al
oficio. Los larguísimos tiempos de filmación también se debían al detalle tanto
en lo técnico como en lo material. Ya es muy conocido el uso de lentes
especiales para filmar Barry Lyndon (1975) sin iluminación artificial
(Marisa Berenson en el documental comenta que había momentos en que no podían
moverse ni una pulgada) o los esfuerzos físicos solicitados a los actores
(Malcolm McDowell en dos ocasiones se quebró costillas durante el rodaje de Naranja
mecánica, en 1971).
La iluminación con velas en "Barry Lyndon"
Ciment comenta que dentro de la imagen
social que se está presentando en pantalla siempre surge algo que se encuentra
oculto, subterráneo, debido a la irracionalidad (muy notorio en la tragedia de Miedo
y deseo o Patrulla infernal o Cara de guerra) o porque es
importante mostrar algo que se aleja de la complacencia sin dejar de ser real (Espartaco
o cualquiera de sus títulos). Otra gran cualidad que tuvo Kubrick
fue la selección de repartos. Él mismo comenta que no era posible pensar en
Nicholson o Pacino para el rol de Barry Lyndon ya que tenía que ser
alguien atractivo, joven, que mostrará el paso de los años al final. Y si uno
repasa cada uno de sus títulos se da cuenta de esa precisión y buen tino para
tener a las estrellas adecuadas (bellas pero talentosas: hasta el mismo Tom
Cruise quedó perfecto en Ojos bien cerrados). Kubrick rodó en Inglaterra, reconstruyó el hotel de El resplandor o recreó el ambiente desolador de Cara de guerra en una vieja planta industrial abandonada en las afueras de Londres. Todo lo editó en su casa: fue un recluso, individualista, que siempre alcanzó sus fines.
Luego del paso del tiempo, cuando Kubrick
se ha vuelto lugar común y todo mundo lo menciona (aunque quizás no se hayan visto
todas sus películas, ni se hayan estudiado simpatías o diferencias entre ellas, para
colocarlo en su justo medio), es interesante que se muestre otro aspecto (el
propio, su voz conversacional) de su obra. Luego de libros de lujo, de onerosas
e itinerantes exposiciones, de múltiples ediciones de sus películas, Kubrick
sigue vivo gracias a sus películas que son las que al final de cuentas, más
importan. El documental termina con imágenes de películas caseras donde el regordete
niño Kubrick juega con su hermana menor sin imaginar que alcanzaría sus sueños
de mostrarle al mundo su realidad a través de imágenes perfectas, terribles, e
inolvidables.
El realizador Gregory Monro





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