domingo, 26 de julio de 2020

LA REALIDAD PURA


KUBRICK POR KUBRICK
(Kubrick by Kubrick)
2020. Dir. Gregory Monro.
         El eminente crítico cinematográfico Michel Ciment, de la revista Positif  llamó la atención, gracias a un artículo sobre su cine, del usualmente reservado y poco comunicativo director Stanley Kubrick quien nunca dio entrevistas ni hizo  promoción de sus películas. Debido a esta ventaja, Ciment tuvo la oportunidad de llevar a cabo varias conversaciones con Kubrick y pudo grabarlas. Debido a ello, publicó un libro en 1980. Ahora, el realizador francés Monro ha utilizado los audios de esas cintas, reuniéndolos con entrevistas a diversos actores de las películas, fotografías o viejas filmaciones, y así, complementar lo que se está escuchando en voz del propio, ya mítico, realizador.
El maestro Michel Ciment, uno de los pocos
críticos confiables y eruditos que permanece entre nosotros
         El objetivo del documental es llegar a una conclusión sobre la temática general de Kubrick cuando su filmografía fue breve pero diversa. Del género de guerra, terror, ciencia ficción, entre otros, se derivó una perfección técnica que no muestra academicismo ni frialdad. Los testimonios de actores o técnicos son extremos: desde aquellos que se desesperaban al punto de querer llegar a los golpes o quienes aceptaban su cuidado y entrega al oficio. Los larguísimos tiempos de filmación también se debían al detalle tanto en lo técnico como en lo material. Ya es muy conocido el uso de lentes especiales para filmar Barry Lyndon (1975) sin iluminación artificial (Marisa Berenson en el documental comenta que había momentos en que no podían moverse ni una pulgada) o los esfuerzos físicos solicitados a los actores (Malcolm McDowell en dos ocasiones se quebró costillas durante el rodaje de Naranja mecánica, en 1971).
La iluminación con velas en "Barry Lyndon"
         Ciment comenta que dentro de la imagen social que se está presentando en pantalla siempre surge algo que se encuentra oculto, subterráneo, debido a la irracionalidad (muy notorio en la tragedia de Miedo y deseo o Patrulla infernal o Cara de guerra) o porque es importante mostrar algo que se aleja de la complacencia sin dejar de ser real (Espartaco o cualquiera de sus títulos). Otra gran cualidad que tuvo Kubrick fue la selección de repartos. Él mismo comenta que no era posible pensar en Nicholson o Pacino para el rol de Barry Lyndon ya que tenía que ser alguien atractivo, joven, que mostrará el paso de los años al final. Y si uno repasa cada uno de sus títulos se da cuenta de esa precisión y buen tino para tener a las estrellas adecuadas (bellas pero talentosas: hasta el mismo Tom Cruise quedó perfecto en Ojos bien cerrados). Kubrick rodó en Inglaterra, reconstruyó el hotel de El resplandor o recreó el ambiente desolador de Cara de guerra en una vieja planta industrial abandonada en las afueras de Londres. Todo lo editó en su casa: fue un recluso, individualista, que siempre alcanzó sus fines.
         Luego del paso del tiempo, cuando Kubrick se ha vuelto lugar común y todo mundo lo menciona (aunque quizás no se hayan visto todas sus películas, ni se hayan estudiado simpatías o diferencias entre ellas, para colocarlo en su justo medio), es interesante que se muestre otro aspecto (el propio, su voz conversacional) de su obra. Luego de libros de lujo, de onerosas e itinerantes exposiciones, de múltiples ediciones de sus películas, Kubrick sigue vivo gracias a sus películas que son las que al final de cuentas, más importan. El documental termina con imágenes de películas caseras donde el regordete niño Kubrick juega con su hermana menor sin imaginar que alcanzaría sus sueños de mostrarle al mundo su realidad a través de imágenes perfectas, terribles, e inolvidables.
El realizador Gregory Monro

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